lunes, 23 de octubre de 2017

Qué tan...

Qué tan fuerte crees que eres si después de tanto tiempo solo llega alguien que se mete en tu mundo y lo pone patas arriba.
Qué tan fuerte eres si en una semana cambian tus planes del hoy y del mañana.
Qué tan rápido eres si te quedas sin habla ante una situación inesperada.
Qué si siempre sabes diferenciar entre el bien y el mal desde lejos hasta que eres tú el que se encuentra dentro.
Qué tan buena persona eres si no puedes expresarte con claridad, acerca de lo más simple.
Qué tan inteligente eres si ni siquiera te das cuenta de lo que pasa a tu alrededor.
Qué tan realista eres si empiezas a imaginar una intensa escena con sólo una mirada.
Qué si tienes miedo realmente de lo que pueda suceder.
Qué si piensas que es el momento y no estás preparado o que estás preparado pero no es el momento.

jueves, 6 de julio de 2017

Travel Soul

Contigo quiero vivir con la sensación de caer, de no saber que hay en el siguiente paso. Con la sensación de comenzar una nueva vida cada amanecer, cada primer café mirando al infinito sobre el más grande de los mares o el más pequeño de los cerros. Esperar lo inesperado y comentarlo durante horas compartiendo tragos y sonrisas.
Contigo quiero pensar en el hoy, en el Carpe Diem, en el no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Contigo quiero saber lo que es perderse y encontrarse al mismo tiempo, en el mismo sitio.
Contigo quiero experimentar soledad, alegría, riesgo y bienestar sin tener un techo fijo sobre mi cabeza. Esa incertidumbre de planear la siguiente parada u olvidarlo todo.
Contigo quiero echar de menos y de sentirme como en casa. Hablar con extraños  y convertirlos en familia.
Contigo quiero tener mal de altura, jet lag, horas de sueño acumulado y trasnochar por asistir a esa fiesta única e impredecible o ver el nacimiento de una cría de alguna especie protegida.
Contigo quiero experimentar que lo aprendido en el colegio no es lo que te prepara para la vida, que los miedos pueden ser menos fuertes que tú y que pueda superar cualquier reto aun sin entender el idioma.
Contigo, sólo contigo, alma viajera, quiero descubrir cada parte de este hermoso planeta. Desde el punto más frío de Alaska, Siberia o la Antártida, hasta el más cálido desierto del Sahara; la inmensa lluvia de las selvas tropicales o la gran city of London. El caos de Bangkok y Nueva York o la calma de ciudades que parecen tener su propio ritmo. Desde las hermosas playas del caribe, del mediterráneo, las Islas Vírgenes o Maldivas, hasta los parajes montañosos de Suiza o Chile. Ver todas las maravillas del mundo.
Contigo, sí, viajero, lo quiero hacer todo.

viernes, 16 de junio de 2017

Consciente o inconscientemente

¿Es mi conciencia queriéndome decir algo o quizá es la única manera que me quede de seguir en contacto contigo?


Era más el preguntarme a mi misma si podría soportarlo. Sí, me cuesta admitirlo, y quizá nunca lo haya hecho del todo, quería descubrir qué era lo que seguía dentro de mí.
Necesitaba tiempo para mí. Salir de mi vida en aquel entonces, respirar, huir de lo que conocía y era mi día a día, ya no lo soportaba, me estaba consumiendo. Estaba en ese punto de salir a toda prisa de allí o empezaría a volverme loca.
Las opciones eran muchas, pero algo dentro de mí me empujaba a ir hacia ese mundo desconocido del que tú formas parte y donde te has criado.
Quería disfrutar de cada segundo, cada minuto desde que pisara el aeropuerto de Madrid con destino a Brasil. Con destino a un viaje que cambiaría toda mi vida, mi forma de pensar y a mí. Desde el minuto uno, sin dormir alrededor de dos días, donde la palabra emoción, libertad, (auto)descubrimiento y viaje se hacían palpables, pasé por mi primer vuelo transatlántico con mis dudas, preguntas y nervios en mi cabeza. Después de algo más de dos años íbamos a volver a vernos y, aunque convencida de lo que sentía, no sabía realmente, qué podría pasar.
Fuiste y sigues siendo una parte importante de mi vida, y donde hubo fuego, cenizas quedan, según el refrán. Acertó.
Con retraso incluido, para hacerlo más interesante al más estilo cinematográfico, aterricé. No sé por qué, los nervios eran más fuertes que el cansancio. Era el momento clave, la reacción al vernos.
Sí, me alegré muchísimo de vernos, de estar al lado una de la otra, sí. Era como si el tiempo de haber estado separadas se hubiera reducido en un par de meses. La misma chispa, la misma conversación y al cabo, de unos minutos, también la misma sensación de confianza. Me sentía a gusto.
Ponernos al día con unas cervezas, las primeras en este otro lado, el tuyo.
Aún así, no estaba preparada como yo pensaba para la posibilidad de que algo más pudiera pasar. Haciendo de tripas corazón y sacando fuerzas de donde no había, recordando mi real motivo de este viaje, te dije que no y le dije que no a mí misma. Reacción que marcaría un antes y un después en el resto de mi viaje, que recién comenzaba y, que ha seguido marcando mi vida hasta el día de hoy. [...]



Un año y medio después, ya casi cuatro desde que te conociera, apareces de una forma inquietante en mis sueños. El último de ellos, especialmente.

Sin decir nada, cogí unas pocas camisetas, algún que otro short, zapatos cómodos y los pocos enseres necesarios que cogían en mi mochila. La misma que ya cruzó el charco y que, si tuviera que ponerle voz, seguro estaba esperando volver a hacerlo. Sí, otra vez allí.
Esta vez sabía dónde iba y con una intención clara, verte. (.....no estabas, te me adelantaste...)

¿Tú, a este lado del mundo, frente a mis ojos? No daba crédito a lo que veía. Tantas frases dichas, tantas calladas, tantas batallas entre medias, historias varias y confesiones sinceras a altas horas, tuyas o mías, y tú aquí.
(Sí, por mi cabeza pasó la absurda idea de que podía pasar por ello, sólo por ti, cuando me comentaste la descabellada idea de que la única manera de salir adelante y buscarse  un futuro mejor era buscar a alguien con quien casarse a este lado del mundo. Reí a carcajadas creyendo que te estabas volviendo loca definitivamente. Al mismo tiempo, una pequeñísima parte y quizá ese punto de locura que, según muchos, en ocasiones tengo, pensé ¿por qué no? Yo diría que sí. ¿Perdona? ¿Quién eres y qué has hecho con la persona de los últimos tres años y medio, las experiencias vividas y las lágrimas derramadas?)
-Quiero empezar una vida contigo aquí y ahora. Esa que no pudimos continuar años atrás y siempre me he estado preguntando qué hubiera pasado si....
Supongo que hay amores que nunca se olvidan, por muchos años que pasen, siguen ahí. Empezar una relación que no pudo ser, y que termines pidiéndome matrimonio....eso sólo pasa en los sueños. ¿O no? ¿Diría que sí? ¿Dirías tú que sí?

Sigo necesitándote de alguna manera en mi vida, aunque sean esas conversaciones mensuales, que me intentes convencer de volver allí, que tu país es el mejor del mundo (aunque tengas algo de razón),que me digas que me echas de menos cunado estás borracha o lo haga yo, o me cuentes tus nuevas conquistas, tus locuras varias, tu vida diaria, ver tu manera de adorar a tu sobrino, a tus mascotas, que sigas apoyando a tu equipo hasta el final, ese que has hecho que me interese un poco y busque resultados....Sigo queriendo formar parte de tu vida, de la forma que sea.

sábado, 27 de mayo de 2017

Eso que viene y va

Algo que viene y no sabes que es
Algo que te empieza por dentro
Desde lo más profundo de tu ser
Algo que sientes cómo te desborda
Un río sin control


Esa sensación de pérdida
De soledad y desasosiego
Esa sensación de soledad
Una vez más “¡Qué hago aquí!”

La certeza de echar de menos aquello
De hablar con almas del otro lado

Esas que te acompañaron en tus batallas

martes, 13 de diciembre de 2016

Corazón

Encontrarnos entre un mar de seres, movidos como ganado, activados todos por la misma tecla, sin sentido, por inercia. Calles y calles llenas de gente sin alma, zombis teledirigidos hacia un puesto que la mayoría de ellos aborrece. Y allí entre esa multitud, por casualidad, te encontré. Esa mañana en que mi despertador decidió tomarse un respiro, en que mi camisa decidió desayunar por mí, tras esa noche en la que no había pegado ojo por la marcha de mi mitad en este mundo, mi mejor amiga... Sólo ese día podías aparecer.
Con la música a tope en mis auriculares, a mitad entre despertarme y evadirme del mundo, rocé tu mano.
-¡Qué asco de gente, miren por dónde van!- dije furiosa para mis adentros. Pero mi corazón me calmó. Empezó a latir de un modo extraño, queriéndome avisar de algo. Tú.
Inconscientemente intenté buscar a ese alguien que había conseguido devolverme a la realidad en milésimas de segundo. Ese que, como suave tela de terciopelo, había destruido una dura capa en mi corazón cayendo como hoja en otoño o la siguiente hoja del calendario.
Respira. Mira a tu alrededor, ascensor abarrotado de gente. Silencio. Dos jóvenes aún imberbes y con alguna marca de acné, recién salidos de la universidad tratando de mantenerse vivos un día más en manos de sus feroces jefes. Detrás de mí, un hombre, cuarentón, buena planta y, me atrevería a apostar, un traje de Armani. Todo a juego, maletín negro, traje negro y móvil última generación, adicción más que palpable. Se me antoja adivinar hombre de negocios en que la única vida que conoce es el trabajo y el poder. ¿Amantes? Quizá muchas. ¿Mujer? Si tiene, pertenecerá a su misma especie, guerra de titanes; si no, se autoconvencerá de que no la necesita.  Primera chica a mi izquierda,   bajita pero resultona. Gafas de intelectual pero con alma de guerrera. Le ha costado llegar donde está, aunque su fachada intimide, no es de las típicas rubias trepa que ves venir de lejos y te miran por encima del hombro. Ésta, sabe lo que hace, meticulosamente estudiado y planificado. Segunda chica a mi derecha, la trepa. Tacones altos, vestido ajustado, maquillaje perfecto. Le gusta sobresalir, que todos le miren. Probablemente alguna de las jefas feroces de los imberbes o la amante del guaperas superficial con traje de Armani. En cualquier caso, la admiro por conseguirlo.
Ojalá tuviera un mínimo de ella. Me miro y ni yo misma me miraría al pasar. Apenas llego al 1,65, siempre digo que voy a ir al gimnasio porque necesito estar en forma y perder algo de peso, no porque tenga sobrepeso ni nada por el estilo, simplemente gustaría más a todo el mundo. Sí, lo reconozco, en ocasiones me dejo llevar por lo que los demás piensen de mí, por las modas sociales y ciertas estupideces que no vienen a cuento. Ligeramente de baja autoestima, que según en qué épocas del año, se convierte en alta, muy alta. Quizá tenga más conocimientos para este tipo de trabajo que juntando a todos los que están dentro del ascensor. Ese sonido, ¡clin! comienza el día.
Bien, extrañamente me siento de buen humor. Ha salido el sol tras una semana de nubes. Aunque mi mesa parece más un campo de minas que un lugar de trabajo; papeles, botella de agua, móvil, foto de mi perro Jack (es el único hombre que me ha aguantado más de dos años, sin duda el hombre de mi vida), manzana para dentro de un rato, montaña de papeles con post-its por todas partes, el regalo del último amigo invisible aún sin abrir…. Aun así, me siento especialmente animada hoy.
Además, hoy he reducido el uso de tres paquetes de clínex a apenas uno, cosa que mi nariz agradece tras semanas con nivel de congestión máximo; a punto de estallar. Sin darme cuenta, apenas queda una hora para la hora de la comida y de repente, me centro no sé por qué, en la música de fondo, esa que siempre me saca de quicio, esa que el guaperas pone cada mañana creyendo que es “por el bien común”. Me gusta.
La melodía me hace desaparecer de ese ambiente. Me encuentro sola. Rodeada de mar, hamacas y puestos de comida. Atrás quedaron los trajes negros y los tacones. Siento el aire fresco en las mejillas. Parece acariciarme el cabello, suavemente, recordando la manera en que lo hacía mi abuela. Sólo ella tenía permiso para alborotarme el pelo. A pesar de que odiaba la sensación de enredos y malestar; ella era la única que me cepillaba el pelo como nadie. Cantando esa melodía que recuerdo como si fuera ayer, conseguía calmar a la bestia más enfurecida. Disfrutaba haciéndolo y me dejaba con tal de verla sonreír. Temperatura perfecta, de hecho me quito la chaqueta. Un olor a sal y verano. A disfrute y relax. A aventuras inesperadas y amor loco. Y de repente, tú otra vez. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Tú, roce fortuito. Tu perfume hace despertarme de ese sueño deseado.
No sé tu nombre, no sabría decir ningún dato sobre ti. Tu imagen desaparece ante mis ojos, sólo puedo recordar tu olor, tu caricia de algodón de azúcar, delicada y dulce. Una  piel blanca y caliente. Una sensación que consigue erizar mi piel al mínimo toque. Esa caricia que hace descuadrar a la máquina más perfecta y desorientar al más sereno.
¿Qué eres? ¿Quién eres?
[…]

Mi corazón siempre te perteneció. De una u otra manera, a lo largo de todo este tiempo, siempre fue tuyo. Supe que moriría joven. Fuiste lo mejor de mí y si tuviera que elegir un momento contigo, no podría, aunque la sensación de ser libre y vivo, te la debo a ti. Cada decisión importante, te aparecías en sueños para guiarme. Ahora sé que eras tú. Con el tiempo olvidé esa caricia del principio, esa luz que proyectabas aun en la más profunda oscuridad. Ahora sé, que tú eras el propósito de mi vida,  o quizá fuera al revés, tenías que estar siempre conmigo. Aun sin estar, estabas y ahora que ya no estás, estarás para siempre. Mi corazón es el tuyo.

Nunca pensé en crear una familia y tú conseguiste que me imaginara rodeada de críos. Contigo dudé de mis metas, de mis claras ideas durante años. Por ti dudé de mis seguridades y sabidurías. Contigo supe que era realmente la tontería, la idiotez a nivel enamorado extremo, casi enfermizo. Por ti, llegué a creer en la perfección a sabiendas de su inexistencia. Porque jamás me atreví a cambiar un ápice de ti, porque me gustaba así como tú eras, tú. Y ahora soy yo más tú que nunca. Me dejaste el regalo más grande, amor, cuerpo, alma y corazón, todo tú.

domingo, 11 de diciembre de 2016

¿Otro camino de ida?

Podría comparar muchas cosas contigo,
Idas y venidas, como marea del mar, más caliente en ocasiones, fría o heladora en otras.
Ida y vuelta. A un lado o a otro del océano.
Ida con buen humor y vuelta destrozada. Cogiendo fuerza en el camino o desinflándose por momentos,
Un camino de ida en el que todo puede salir bien, jamás planeado, con la sonrisa siempre. Y, sin quererlo, o buscarlo encuentres a alguien o algo, que haga ese camino espectacular. Quizá la vuelta se hace más difícil, más dolorosa e incluso triste.
Quizá todo sea al revés y la ida fue antes triste de la vuelta.
Puedes estar encima de la ola y ver que todo sale bien, pero sabes que en cualquier momento caerá y tendrás que aprender a seguir bien o por el contrario será muy fácil decaerse. Hay que encontrar el equilibrio.
A veces pienso que quien encuentra el equilibrio, quien consigue aunque sea por unos instantes estar en paz, en consonancia con todo, consigue la felicidad aun a pesar de esos cambios de marea.
Puede que tú fueras ese equilibrio que encontré en el camino de ida a un momento de felicidad y quizá fue en el camino de vuelta, cuando fui perdiendo esa tranquilidad por estar lejos o perder la fuerza y la valentía.
Puede que vuelva pronto ese equilibrio o por lo menos otro camino de ida....sin vuelta planeada.